viernes, 3 de agosto de 2012

El Mercader de Venecia


SHYLOCK



- ¡Para cebo de peces si me place! 
Si no puede servir para otra cosa. 
Alimentará mi venganza al menos 
Se ha reído de mis pérdidas, 
Se burló de mis ganancias, 
Y desprecia mi nación, 
Me estropea los negocios, 
Enfría a mis amigos, 
Y calienta a mis enemigos 
Y ¿Por qué? Porque soy judío. 
¿Es que un judío no tiene ojos? 
¿Es que un judío no tiene manos, órganos, 
Proporciones, sentidos, afectos, pasiones? 
¿No come la misma comida?, 
¿No le hieren las mismas armas, 
sujeto a las mismas enfermedades, 
curado por los mismos medios, 
calentado y enfriado por el mismo verano 
y por el mismo invierno que un cristiano? 
Si nos pincháis, ¿no sangramos? 
Si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos? 
Si nos envenenáis, ¿no nos morimos? 
Y si nos ultrajáis, ¿no vamos a vengarnos? 
Si nos parecemos en todo lo demás, 
Nos pareceremos también en eso. 
Si un judío insulta a un cristiano, 
¿Qué humildad le muestra éste? La venganza. 
Si un cristiano ultraja a un judío, 
¿Qué nombre deberá llevar la paciencia del judío, 
Si quiere seguir el ejemplo del cristiano? 
VENGANZA. 


jueves, 2 de agosto de 2012

Odio esta sensación

Recuerdo cuando hace años me obsesioné con algunos famosos. Lo típico: pósters, revistas, esas cosas que parece que durarán siempre pero en un par de años han pasado a la historia. Bien, pues recuerdo lo bien que me lo pasaba adorando a dichas celebridades. Mi pasatiempo preferido era imaginar mil y una maneras por las que llegaría a conocerles y enamorarles. Pero había momentos, como 'flashes', en los que me daba cuenta de que era imposible todo lo que me pasaba el día imaginando. Es una sensación intermedia entre decirle a un niño que no puede ir al parque y oír a un punk ochentero que la vida es la nada. En cualquier caso, es una sensación de vacío. Cuando te das cuenta de que tu sueño es inalcanzable por todos los medios, te invade una sensación deprimente de vacío agobiante. Como cuando me enteré de que John Lennon estaba muerto. Es un duro golpe enterarte de que tu ídolo ha muerto antes de que nacieras, y que te lo digan a los cinco años es peor. Pues así me siento cuando pienso en Jean Baptiste (raaaaarooooo) y en Esteban. ¡Que no les voy a volver a ver! Eso es muy duro.

Querido, queridísimo Esteban...

Pasan los minutos, pero extrañamente no lo parece. Es como si estuviera atrapada en el mismo momento para toda la eternidad. Y por primera vez es perfecto. Estoy en la compañía perfecta, con gente perfecta, el aire es perfecto, el parque es perfecto. Lo único que me atormenta es que no tengo noción del tiempo, tengo un agobio en mi interior y tiene forma de cuenta atrás. En cuanto llegue a cero, el momento perfecto se acabó. Tendré que despedirme de la compañía perfecta y volver a casa, tendré que hacer la maleta, tendré que prepararme para coger un avión mañana y tendré que prepararme mentalmente para volver a mi rutina.
Completamente ensimismada y absorta en mis pensamientos, veo que parte de la 'compañía perfecta' empieza a levantarse y quitarse el césped de la ropa. Se van. El sol comienza a ponerse, las jarras de cerveza se quedan vacías y las patatas fritas han desaparecido de los platos. El sábado ha terminado para la mayoría. Sobresaltada, me levanto de un salto a despedirme. Los momentos compartidos junto a las personas que he conocido en este viaje son inolvidables, aunque no sean demasiados. Los ojos se me cargan de lágrimas al escribir una dedicatoria de despedida en la libreta de Lilly, pero no lloro. Entonces todos comienzan a levantarse y despedirse. A mí me lleva un rato, entre risas y sonrisas torcidas que reflejan alegría y tristeza a la vez. Estas sonrisas torcidas expresan alegría por haberte conocido, pero también tristeza por tener que despedirme. No sé como, aguanto sin llorar. Posiblemente porque mi 'hermano' se cura de que no me preocupe de nada, y de hacerme reír cada minuto. En realidad es una suerte tenerle aquí.
Quiero quedarme un rato más en nuestro parque, aunque todos se vayan. No estaré sola, Esteban se queda también hasta terminar su cigarrillo, y luego se irá. Decido hacerle compañía. Además es mi mochila lo que está utilizando como almohada sobre el césped y se niega a devolvérmela hasta que no termine su dichoso cigarro.
Me despido de mi hermano de otra madre, al que aún espero volver a ver. Después de varios abrazos largos en los que me falta poco para perder el equilibrio, me siento de nuevo en la hierba. Curiosamente, de quien no me he despedido es de los dos españoles con quien he hablado más. Pero no importa, algo me dice que no les caigo tan bien como creía al principio. Sobrevivirán sin mi abrazo.
Entonces hago memoria sobre las experiencias desconocidas vividas en este viaje, y han sido tantas... Incluso mi corazón empieza a latir con nerviosismo recordando algunas gilipolleces que hice mis primeros días en este país desconocido. Hay grandes arrepentimientos, pero solo se me ocurre suspirar y pensar que la próxima vez lo haré mejor. Después de todo, el primer intento es un ensayo para el segundo, ¿no?
Le pido a Esteban una calada, pero lo niega. '¿Recuerdas lo que me dijiste? Que no te diera ni una calada por mucho que me lo pidieras'. Es cierto. Lo reconocí y le di las gracias.
Mi relación con Esteban durante dos semanas había sido... extraña. Los primeros días habíamos sido uña y carne, hasta el primer domingo. Ese día cometí una de las estupideces de las que me arrepiento. Después de ese día, Esteban me evitó casi una semana entera. Cuando me hablaba, solo era para decir algo malo de mí. Yo pensaba que iba de coña, no podía ir en serio, y su intención no era ofenderme si lo que me decía era que me comprara un perfume de una vez, o que era muy baja. El caso es que un buen amigo me había evitado durante prácticamente una semana por una razón que yo desconocía. ¿Cuándo empezó a evitarme?, pensé. Mi memoria llegó al lunes, cuando nos cambiaron las clases. Esteban me evitaba aquel día, me miraba de reojo como si sus padres le hubieran pedido que no se juntara con gente como yo, como si fuera una pésima influencia. Y la única razón que se me ocurría era la estupidez que había cometido el domingo por la tarde. Y lo más patético es que Esteban me había animado, incluso ayudado a cometer la estupidez. ¿Me estaría volviendo loca de tanto recordar? ¿Tengo que dejar de darle tantas vueltas a todo? No lo sé, pero ahora mismo a quien hago caso es a mi corazón que cada vez palpita más fuerte, señal de que estoy cada vez más nerviosa. Eso significa que va a pasar algo. ¿Con Esteban? ¿Será posible, después de todo lo que he hecho yo y todo lo que me ha dicho él? Alea jacta est. Mientras todo tipo de pensamientos se arremolinaban en mi cabeza, Esteban y yo recogíamos los platos y jarras que habíamos dejado sobre el césped para devolverlos al bar. Vamos parloteando de lo que sea. Bueno, yo soy la que tiende siempre a pillar la verborra, parlotear e irme por las ramas. Especialmente si estoy nerviosa. Esteban reflejaba seguridad con sus frases cortas y su risa. Oh, señor, amo esa risa. Sincera y real, como Esteban. Pero en especial amo el hecho de ser capaz de hacerle sonreír de vez en cuando. Yo río a veces de manera exagerada sus gracias porque me doy cuenta de que también le place este sentimiento. Caminamos juntos hacia la estación de metro. Menos mal que él sí sabe qué trenes coger. Llegamos a nuestra parada. Él ahora debe ir a Weisser Turm donde le esperan los demás, y yo debo ir a la estación central donde nadie me espera todavía, porque es muy pronto. Estamos ahí de pie, esperando. Ha llegado el momento de la despedida y lo sabemos. Todas la emociones que he sentido respecto a Esteban se juntan. Sensación de comodidad y cálida amistad en su mayoría, pero contrastada con unos pensamientos más serios y recientes. Esa actitud de 'Te odio... Pero te quiero. Te odio, pero te quiero', esa bipolaridad mental que algunos llamarían sentimiento nata-fresa... ¿A quién quiero engañar? Me gusta Esteban. Ambos nos reímos porque tengo que ponerme de puntillas para darle dos besos en las mejillas y él aún así se ve obligado a agacharse un poco. Primero le doy un abrazo. Luego me aparto para darle los susodichos dos besos y al darle uno, nos quedamos en una posición indefinida. Yo pensaba que me daría un beso, un inocente pico en los labios. No hace nada. Yo le doy el segundo beso en la mejilla, algo confundida, y le doy otro abrazo. Su reacción es rápida: corresponde a mi abrazo con fuerza, y mientras yo digo 'adiós', el susurra 'te quiero'. Me aparto despacio, y seguramente mis ojos están abiertos como platos.
'De verdad espero que algún día nos volveremos a ver', digo, y con eso me despido, giro sobre mis talones y me dirijo a las escaleras mecánicas. Con un 'te quiero' resonando en mi cabeza.
Por la noche, le doy varias vueltas al 'te quiero', llegando a la conclusión de que en Colombia seguramente se dice muy a la ligera, que no me lo ha dicho como se dice 'te quiero' a tu alma gemela en la boda ideal.
Hoy he sabido que tenía razón respecto al 'te quiero'. También me ha quedado claro que mientras yo esperaba el beso de él... Esteban lo esperaba de mí. También he sido llamada 'gueva' por no darme cuenta de ello, y darle un beso en la otra mejilla en vez de en los labios. También me he enterado de que obviamente no nos volveremos a ver nunca. Discrepo. Pasarán años, los que hagan falta, pero volveré a ver a Esteban como que el aire que respiro y me da la vida también me oxida y da paso a mi muerte. Volveremos a vernos y le daré su esperado pico, aunque esté casado y con hijos o aunque esté en una residencia. Palabra.
Pero él no cree que volveremos a vernos, aunque dice que le gustaría. Huevón. Me gusta, pero es un cabrón pesimista. Ya estoy otra vez: te odio... pero te quiero. Te odio, pero te quiero.
Me encanta.
Es un cabrón.
Pero iré a buscarle.

Joder.

Dear 'Frank',

Was it all a lie? Really? I thought you were different. Still, you made me feel like a fallen angel sometimes. Thanks for that and goodbye for ever. You need help, man.

Dear Kevin,

I liked you from the first day. What went wrong? I guess I'll never know, but I hope I can improve our relationship with clever comments in Facebook... *sigh*

Lieber Mattia,

Ich verstehe mehr Italienisch als du denkst. Aber was du hast gesagt ist kein Problem für mich. Möchtest du in die Toiletten gehen? Oh, entschuldigung, es ist jetzt zu spät für uns. Schade.

La conversación telefónica

Años setenta. Interior de una casa, noche. Tarde.

  Nuestro protagonista, llamémosle Harvey Milk, se dedica a la política y vive en San Francisco. Su principal objetivo es que los homosexuales sean reconocidos en la sociedad sin sentirse maltratados por homófobos heterosexuales. Aunque todavía no ha logrado nada, está bien encaminado a ser el primer político abiertamente gay en ser elegido para un cargo nacional. Ha logrado que centenares de parejas gays y lesbianas se sientan a gusto en un barrio de San Francisco, el distrito de el Castro, un lugar donde pueden salir y pasarlo bien y vivir sin miedo a ser juzgados.
  Pues bien, Harvey ha tenido un día duro. Ha llegado a casa derrotado tras un largo debate sobre si los profesores homosexuales podrían seguir impartiendo clases o no. Tiene todas las de perder en las próximas elecciones. Ha discutido con su novio, Scotty, como cada noche. En resumen, no ha tenido un buen día. 
  Suena el teléfono. Es uno de sus socios, con malas noticias. La propuesta homófoba de su adversario va ganando en varios estados con más del 60% de los votos. Eso es todo.
  Harvey cuelga el teléfono y se derrumba sobre su silla de oficina. Todavía tiene que trabajar, ¿pero para qué? Por primera vez, la derrota le hace sentir ganas de rendirse.
  Suspira, se frota los ojos para desprenderse del cansancio y mira las innumerables hojas desperdigadas encima de su mesa. Antes de que pueda leer nada, vuelve a sonar el teléfono.
  Lo coge pensando que va a ser su socio otra vez, pero no es así.
-¿Diga?
-Señor Milk, hola-. Es una voz masculina muy joven, adolescente. Habla en un tono entre preocupación y tristeza, aunque es difícil de decir tras una frase tan corta. 
-¿Quién llama?- pregunta Harvey, algo molesto. Nadie contesta y se cree objetivo de una broma. -Oye, seas quien seas. Si es una broma, no tiene ninguna gracia. He tenido un muy mal día y...
-Señor Milk, creo que me voy a suicidar.
No es una broma, definitivamente. El tono del chico es demasiado serio y parece a punto de llorar. Harvey permanece sorprendido y horrorizado durante un par de segundos, en los que su mundo se derrumba ante él. Reacciona relativamente rápido ante la noticia.
-No. No hagas eso. ¿Por qué ibas a hacer eso? Eres joven, tienes toda una vida ante ti. ¿Cuántos años tienes, 15, 16?
-Acabo de cumplir 16- responde la voz, impasible ante las preguntas de Harvey. Toma aire y sigue hablando. -Mis padres van a llevarme mañana a una clínica, para curarme.
-¿Qué?- pregunta Harvey rápido, aunque lo ha oído perfectamente y ambos lo saben. -Escucha. No te suicides. No lo hagas. Tú no estás enfermo, y Dios no te odia. Los gays no estamos enfermos, somos personas normales como cualquier otra. Escucha atentamente. Esto es lo que vas a hacer. Escapa esta noche. Coge algo de dinero y escapa a la gran ciudad más cercana, sea cual sea. San Francisco, Los Ángeles... ¿Cuál es?
-Soy de un pueblecito de Massachusetts. Pero es que...
-Espera, espera. Un momento. ¿Cómo has oído hablar de mí?- preguntó Harvey. Él se creía conocido en grandes urbes modernas, no en pequeños pueblos conservadores.
-Vi una foto suya en el periódico. Pero señor Milk, yo...
Harvey volvió a interrumpirle, emocionado.
-¿Has... has visto una foto mía... en un periódico del otro lado del país?- preguntó a duras penas. -¿Y salía guapo?- rio. No tenía ni idea de que se hablara de él en todo el país, o por lo menos en en Massachusetts.
Justo en ese instante, cuatro amigos de Milk irrumpieron en su apartamento, gritando de forma caótica. Harvey se giró sobresaltado, como bajando a la tierra de golpe. Gritaban algo sobre un asesinato, una revolución, una revuelta, una manifestación improvisada, se necesitaba su ayuda... Harvey iba procesando trozos sueltos de esta información. Sin pensarlo ni cambiar de expresión, dejó caer el auricular del teléfono, cogió su chaqueta y se largó, envuelto en una nube de gritos, sobresaltos, alarmas y sustos horribles.
El auricular se quedó en el suelo, y el chico que estaba al otro lado tampoco había colgado.
-¿Hola? ¿Señor Milk?- ahora lloraba de verdad. -Señor Milk, no puedo, no puedo huir. No... no puedo moverme...
Comprendió que el señor Milk había abandonado precipitadamente la conversación, y lloró con aún más fuerza. Sus propias palabras rebotaban en su cabeza. 'No puedo huir, no puedo moverme'...
Atrapado en su propio infierno, colgó el teléfono. Movió su silla de ruedas y se fue a dormir.

Unvergesslich Erfahrung

Este verano he pasado dos semanas en Alemania, y ha sido el primer viaje que he hecho sola, sin familia ni amigos. La verdad es que ha sido una sensación extraña, pero agradable, ir sola por una ciudad desconocida. Bueno, nunca he llegado a estar sola. Como mucho algunas horas en los trenes y el metro para volver a casa. 'Casa'. Mi segundo hogar. Me han pasado cosas increíbles en el sentido literal de la palabra: he llegado a pensar que las he soñado. Pero no, todo pasó realmente. La gente que conocí, los amigos que hice, lo que me hicieron, lo que me dijeron... Todo. Y a pesar de que 'lo que pasa en Alemania se queda en Alemania', allí tomé algunas decisiones importantes que han influenciado mi vida aquí, y la vida de los que me rodean. Indirectamente, la gente que conocí allí me ha enseñado cosas, ha cambiado mi carácter y mi personalidad. Incluso mi aspecto físico o mis gustos han variado. Me sorprendí a mí misma llorando en la despedida. ¡Yo! Hacía años que no lloraba, y en aquellas lágrimas estaban los recuerdos que todavía llevo conmigo y no he compartido con nadie. No, en realidad no tengo un solo confidente a quien contar todo. Suelo ser yo al tratar con los demás. Esta es otra razón por la que mola tener blog, es un desahogue continuo. 
Pero me estoy desviando. Aunque nunca leerán esto, quiero hacer una 'mención especial' a Aser, mi alma gemela; Álex, a quien me habría gustado conocer mejor; Michaela, que era un reflejo de lo que en mi imaginación me gustaría ser; Sven, patriota francés; Jean Baptiste, de quien me faltaron muchos más abrazos prietos y pellizcos en el culo; Magda, con quien me he reído incontables veces; Mattia, con quien debí haberme metido en el baño del Tapasitos; Honza, que era la hostia; Vašek, que aunque sabía disimularlo como nadie solo se fijó en una cosa de mí (bueno, en dos...); Deniz, que es la chica más dulce que he conocido en mi vida; Ivan, que me caía mejor de lo que nadie creería; Linares, que podría haber ganado si se hubiera arriesgado; Karina, que tenía un estilo único y especial que me parecía casi perfecto; Oksana, que no era tan estirada después de todo; Julia, que me recordó a como era yo antes; Lilly, que tenía unos ojos impresionantes; Igor, que me gustó realmente por su lado salidorro y descarado; Luisa, que pasaba demasiado desapercibida; Kevin, que fue el primero en el que me fijé aunque no llegué a caerle bien; Natalia, que también era amable y cariñosa; y por último Esteban, que asegura que le gusté (¿gusto?) aunque prácticamente me demostró lo contrario. 
Nadie ajeno a mi vida, y cercano tampoco, puede leer esto y verlo como yo. No es una oda, ni una mención bonita. Es un recuerdo. Por más que me pese, les olvidaré. No quiero que pase pero es así. Esta es mi forma de mantenerles en mi mente. He llegado a querer a la mayoría. La despedida fue leve y dura, pero la asimilación de la vuelta a casa fue lo peor. Aquí estaba yo, en mi casa, con mis padres... Y ellos seguían en nuestro parque y nuestra fuente, tomando pan con queso, cerezas e incontables jarras de cerveza gracias a los mayores de 16. Si vuelvo a Alemania, evitaré estas zonas, porque sería muy doloroso ir y ver que no están ahí, y, si sucede lo peor, que me han olvidado.

'Easy peasy, simple pimple'

Nunca he tenido un diario. Bueno, por supuesto, he tenido varios que llegaron a mí como regalos. Pero nunca he escrito un diario. No se me da bien documentar lo más significativo de cada día, día tras día. Siempre me dejaba cosas importantes, o explicaba detalladamente cosas pequeñas del día a día. Simplemente lo escribía pensando que otra persona lo iba a leer. Así que no, no puede decirse que yo haya llevado un diario. Pero un blog no me recuerda a un diario. Es aún mejor, permite más creatividad, más personalidad. Casi como pensar en voz alta. O en internet, que es casi lo mismo. Así que, bueno, alguien me ha inspirado y he abierto una cuenta. Me servirá como entretenimiento cuando no pueda dormir.